Los Origenes del Partido Socialista de Chile

Los Origenes del Partido Socialista de Chile

 

Introducción

Los partidos políticos nacen como expresiones de necesidades y aspiraciones económicas, sociales y de todo orden que fluyen de los estratos, capas y clases que se generan en las sociedades. Lo efímero o duradero de una entidad política estará en relación directa a su capacidad de identificarse con los problemas y aspiraciones de los sectores que intenta representar.

Sin embargo, no es suficiente la carencia de una expresión política en determinados estamentos sociales para que cualquier intento o proyecto cubra el espacio existente. Se puede, en cualquier momento, "inventar" un partido, pero el enraizamiento en radios profundos de la estructura social no se alcanza por actos políticos voluntaristas o meros propósitos doctrinarios o intelectuales. Por muy honesta y luminosa que sea la iniciativa, si ella obedece sólo a móviles coyunturales, accidentales o de liderazgos personales, se proyectará fugazmente en la sociedad. Es necesario que el proyecto calce oportunamente con necesidades económicas y sociales históricas y concretas de los sectores que pretende representar, que haga suyas sus exigencias y esperanzas y las convierta en su que hacer para que aquellos asuman como propia la nueva entidad y la anuden a su destino.

 

Orígenes

El Partido Socialista de Chile surgió respondiendo a estas características. Se identificó con los trabajadores y sectores oprimidos por el sistema capitalista, expresó su inquietudes, sus intereses y su idiosincrasia. Sus fundadores más ilustres, continuadores de luchas por el Socialismo que devenían del siglo pasado, meses antes del acto fundacional, junto a algunos militares revolucionarios se tomaron el Poder el 4 de Junio de 1932 para establecer una República Socialista "para el pueblo, por el pueblo y con el pueblo". El intento caló hondo en los trabajadores. Sus líderes fueron endiosados por el Pueblo. De ahí que, la concreción de un Partido por los mismos actores, calzaría con una necesidad social e introduciría a los socialistas al tejido social de Chile.

El intento fracasó. Sus conductores fueron derrotados por un Golpe militar de derecha, encarcelados y deportados. Pero tuvo la virtud de dejar la simiente de la insurgencia social y de excitar las aspiraciones de bienestar, justicia y libertad de las grandes mayorías explotadas y oprimidas. Los trabajadores chilenos llevaban décadas de cruentas luchas por su liberación, la Revolución del 4 de Junio los dejó con la inteligencia de que sus ideales eran alcanzables. Su posibilidad encontró una perspectiva de realización con la fundación del Partido Socialista, el 19 de Abril de 1933, que dio continuidad y organicidad al ideario socialista en Chile, ya con años de luchas e intentos orgánicos.

Pero no sólo la experiencia del 4 de Junio inspiró a los fundadores. Su nacimiento fue producto de persos elementos del proceso social de ese período, tanto nacional como internacional. En primer lugar, del desarrollo y concreción de las ideas socialistas en el mundo; del triunfo de la Revolución Socialista en la Rusia de los Zares; de la crisis económica y la situación política inestable del país. Al momento de la fundación ya se había desarrollado el burocratismo en el Estado Soviético y un sector del Partido Bolchevique y de los partidos comunistas del mundo había sido expulsado de sus filas. Por su parte los partidos socialistas y socialdemócratas, aún inculpados de traición al socialismo, continuaban su inserción en la institucionalidad burguesa; no aparecían como alternativa para América Latina. A la vez, el Partido Comunista de Chile, escindido y jibarizado por los problemas conductuales al interior de la URSS e incapaz de interpretar al pueblo chileno por su incondicionalidad a políticas extrañas dictadas desde Moscú, tampoco era solución para los trabajadores del país.

Esta situación fue generando agrupaciones socialistas que buscaban un camino propio para la lucha por el Socialismo, que afloran públicamente después de la caída de Ibáñez en 1931. En este marco confluyen a la fundación del Partido Socialista, Acción Revolucionaria Socialista, ARS; Nueva Acción Pública, NAP; la Orden Socialista; el Partido Socialista Marxista y Partido Socialista Unificado, todos pequeños grupos organizados en Santiago con muy débiles ramificaciones en provincias. De su unificación surge una identidad con características propias, autónoma de la corrientes socialistas y comunistas del mundo y de Chile, Asume lo mejor de esas tendencias pero resolviendo por sí misma, democráticamente, sus principios y su carácter, programa y su quehacer político.

Liderizado por Marmaduke Grove, Eugenio Matte, Oscar Schnacke,Eugenio Gonzalez, Carlos Alberto Martinez y otros, los mismos que 10 meses antes habían estado a la cabeza de la Revolución del 4 de Junio, le dieron vida y alma a una organización revolucionaria, autónoma, altiva y orgullosa, conformada por trabajadores manuales e intelectuales para luchar por la liberación del pueblo chileno, de América Latina y del mundo.

A 68 años de fundación, en la medida que el Socialismo está vigente, sigue siendo una necesidad social. Se trata de adecuarla a las condiciones y exigencias actuales de la lucha social sin renegar de su pasado.

 

Principios fundacionales

El clima ideológico y político nacional e internacional de esa época, en cuyas características influía notoriamente la Revolución rusa de 1917, a pesar de sus deformaciones burocráticas iniciales, desviación no valorada por el entusiasmo hacia tal acontecimiento, conjugado con otros elementos ya mencionados anteriormente, determina la identidad de la nueva organización: nace como un partido de trabajadores sustentado en una concepción marxista revolucionaria muy propia, que aporta nuevos elementos a esta teoría anticipándose en más de medio siglo a formulaciones críticas actuales.

Efectivamente, en el punto uno de la Declaración de Principios de 1933, se establece que se acepta el marxismo como método de interpretación de la realidad, enriquecido y rectificado por todos los aportes científicos del constante devenir social. Con esta definición primordial el Socialismo Chileno selló su carácter antidogmático y no sectario y se pertrechó de una visión amplia, abierta y autónoma para analizar los fenómenos económicos y sociales. Los acápites siguientes aceptan la lucha de clases, el carácter clasista del Estado y comprometen al Partido con una transformación revolucionaria del sistema, ya que no sería posible la vía pacífica para alcanzar el Poder, afirmando, a la vez, la necesidad transitoria de una "dictadura de los trabajadores". Culmina con una definición latinoamericanista que pregoniza la Unión de Repúblicas Socialistas de América Latina como etapa de la Revolución mundial.

Es importante analizar tales postulados. Estas explícitas formulaciones tienen como característica que, sin mencionar las polémicas teóricas surgidas alrededor de la Revolución Rusa, ellas se encuadran en la concepción de Lenin en la interpretación del marxismo. En su polémica con la socialdemocracia, especialmente con su líder Kausky, Lenin afirmaba que para ser marxista no era suficiente reconocer la lucha de clases, era necesario reconocer también la "Dictadura del Proletariado"; y este punto fue lo que motivó la separación entre la Socialdemocracia y la Internacional Comunista, porque la primera se declaró "democrática" y contra toda dictadura y la segunda habló de la "democracia socialista", concepto que, ampliando profundamente la democracia y la participación de los sectores populares, limitaba los derechos de las clases poseedoras desplazadas del Poder.

¿Cómo concluyeron en estas definiciones revolucionarias nuestros fundadores cuando tales concepciones eran materia de discusión en los círculos ideológicos europeos?

En ese período, la interpretación leninista del marxismo no estaba consagrada como "Marxismo Leninismo", en primer lugar, porque había muchos teóricos socialistas de distintos países que sostenían posiciones coincidentes con las de Lenin, que no significaban más que la recuperación del sentido revolucionario del marxismo y su naturaleza no dogmática. Estas concepciones fueron abandonadas por los dirigentes socialdemócratas después del desaparecimiento de Carlos Marx y Federico Engels, que sobrevivió al primero por 12 años, aunque ambos alcanzaron a criticar las desviaciones del principal partido adepto a sus ideas, el Socialdemócrata Alemán. Lo que asentaron nuestros fundadores en su Declaración de Principios, entonces, fue, ni más ni menos, que la concepción revolucionaria del Marxismo en cuya clarificación y restitución Lenin sí fue su principal sostenedor. Años después de la muerte de éste, Stalin, convertido en Jefe del Partido Comunista, y como una manera de afianzarse en el Poder, convertiría en un fetichismo el "Marxismo Leninismo" del cual se declararía su principal cultor, utilizándolo a su manera, para su beneficio y como arma contra los discrepantes de su política a los cuales estigmatizaba como "enemigos del Pueblo" por no aceptar su personal interpretación de tal concepción.

A medida que el dominio de Stalin degeneraba el régimen soviético convirtiéndolo en una dictadura personal, cruenta y asesina, el "marxismo-leninismo" pregonado desde el Kremlin se convirtió en la antítesis de las ideas de Marx y Lenin. Quienes han abandonado en estos tiempos el Marxismo, concibiéndolo como la máscara horrorosa y sangrienta del estalinismo, han cometido un error de lesa ignorancia histórica junto con demostrar un desconocimiento de la historia del Partido Socialista, que supo, en sus orígenes y después en su política concreta, sustentarse en la esencia del pensamiento de aquellos pensadores, interpretándolos libremente; a la vez que supo criticar y distanciarse del estalinismo sin confundirse con la crítica de la burguesía cuyo régimen de explotación de los trabajadores, no le daba autoridad para convertirse en rector de la sociedad.

El Partido Socialista puede estar orgulloso de haber sido uno de los pocos partidos del mundo, que sin abandonar el sentido revolucionario de su accionar nunca cayó en la visión dogmática y utilitaria del estalinismo. Si en un momento determinado de su curso histórico se declaró Marxista leninista lo hizo explícitamente en el sentido de interpretar libremente las ideas de Marx y de Lenin.

Es por eso que el Partido Socialista de Chile, con su identidad transformadora, buscó alcanzar el Poder para construir el Socialismo, utilizando los métodos de lucha que fueran necesarios en cada oportunidad, tarea concebida como de largo plazo que llena su existencia, por lo menos hasta 1973.

 

Su Trayectoria

Enmarcado en estas concepciones, como toda empresa de acción de humanos en el medio humano, el PS desarrolló su personalidad portando virtudes y debilidades, incurriendo en aciertos o en severos errores, cruzando etapas de pujante unidad y otras de dolorosas escisiones, pero siempre inserto en el proceso social. Durante toda su existencia, fraccionado o no, ocupó un espacio de rebeldía social en el espectro político nacional y de solidaridad con las luchas de los pueblos del tercer mundo por su liberación, cualesquiera que fueran los métodos de luchas que ellos emplearan.

En sus inicios, imbuído del doctrinarismo clásico de ese período, sostiene una posición clasista y de aspiración de Poder fervorosas. En 1934, trata de construir un Frente de Trabajadores, (el Block de Izquierda) con Marmaduque Grove a la cabeza, su líder carismático, que en las elecciones presidenciales anteriores había obtenido la primera mayoría en Santiago y Valparaíso y que electrizaba a las multitudes con su palabra sencilla pero candente. Desarrolla un movimiento de protesta social que ofusca al gobierno derechista del momento y termina persiguiendo y deportando a los líderes socialistas. El partido debe trabajar en la ilegalidad.

En esa etapa, el Partido Comunista de Chile, rechazaba todo entendimiento con los partidos de izquierda conforme a las órdenes que recibía de Moscú. Pero nuevas instrucciones lo llevan a cambiar de postura, no sólo en Chile sino en todo el mundo. De su extremismo infantil pasa al otro extremo y busca constituir un "Frente Popular" incluso con la burguesía nacional. Pasa a entenderse con el Partido Radical a quien ofrece la hegemonía en la constitución de la novísima alianza.

Inicialmente, el PS rechaza la línea de Frente Popular, opuesta a su concepción de mantenerse independiente de los partidos representativos de las clases dominantes. El radicalismo arrastraba una historia de alianzas con el liberalismo y otros sectores de la derecha. Pretendía acercarse a la izquierda para liderizar el movimiento popular emergente y alcanzar la Presidencia de la República. El Partido Socialista termina por ceder: retira la postulación de Grove y la Izquierda, encabezada por el Radical Pedro Aguirre Cerda, obtiene su primer triunfo nacional en 1938; el PS pasa a ser la segunda fuerza del Gobierno del Frente Popular. Transcurrirían tres décadas antes de que fuera hegemónico en la Izquierda con Salvador Allende como su líder.

El Partido asume responsabilidades superiores y juega un papel de primer orden en el desarrollo económico y democrático del país. Sin embargo, a pesar de sus grandes realizaciones, el gobierno no cumple su programa y los sectores obreros, campesinos y medios se sienten frustrados. Se produce el descontento social y la militancia socialista exige cada día con más vigor el retiro de sus ministros del Gabinete. Se agudiza la lucha interna. El aparato dirigente partidario se ha engolosinado con las granjerías gubernamentales y se niega a independizarse. El PS sufre su primer gran cisma en 1940.

El quinquenio siguiente es de más quiebres y dispersión. Se llega al Congreso General Ordinario de 1946 donde la militancia joven, más la vieja guardia revolucionaria, desplazan a los equipos burocratizados que han abandonado sus concepciones revolucionarias.

Para entender este cambio hay que registrar que la FJS(Federación de la Juventud Socialista) había llegado a ser a fines de la década del 30 una sólida y disciplinada organización con una militancia de más o menos 10.000. militantes, formada políticamente en las concepciones revolucionarias del Partido. De ella surge la llamada "Generación del 38" que aporta a lo largo de la vida socialista 5 Secretarios Generales y una destacada plana mayor de dirigentes de los cuales algunos aún perduran. Mencionamos a los Secretarios Generales Raúl Ampuero, a Aniceto Rodríguez, Salomón Corvalán, Clodomiro Almeyda, Carlos Briones y entre los dirigentes históricos, Adonis Sepúlveda, los Palestro, Carmen Lazo, Eduardo Osorio, Ramón Silva Ulloa, Belarmino Elgueta. Es esta generación, liderizada por Raúl Ampuero Díaz y la participación de viejos fundadores que conservaban su espíritu revolucionario, (Eugenio Gonzalez, Carlos Alberto Martínez, Manuel Mandujano, Augusto Pinto, Ramón Sepúlveda Leal, entre otros) los que recuperan los valores del Partido, su independencia y su espíritu de lucha.

El primer fruto de esta recuperación sería la Conferencia de Programa de 1947, de la cual surgió un Documento de trascendencia histórica y cuyo texto definitivo fue elaborado por la brillante pluma de Eugenio González.

Su aporte teórico sobre el carácter de la Revolución Chilena y Latinoamericana, que le dio un sólido fundamento al quehacer partidario, tuvo gran incidencia en el triunfo del movimiento popular del país en 1970. Veamos algunas de sus formulaciones:

"Nuestro partido representa en Chile el impulso histórico del verdadero Socialismo y la auténtica doctrina socialista que recoge para superar -y no para destruirlos- todos los valores de la herencia cultural como un positivo aporte a la nueva sociedad que deberá erigirse sobre el mundo capitalista."

"Es necesario que los militantes del PS y el pueblo comprendan plenamente la significación histórica y humana del socialismo, la justeza de su posición revolucionaria frente a los problemas de la época y las perspectivas nacionales y mundiales de su acción política . Dialécticamente generado por el Capitalismo, el Socialismo constituye su necesaria superación... corresponde en el momento actual a los partidos socialistas y afines de la América Latina llevar a término en nuestros países semi coloniales las realizaciones económicas y los cambios jurídicos que en otras partes ha impulsado y dirigido la burguesía. Las condiciones anormales y contradictorias en que nos debatimos, determinadas por el atraso de nuestra evolución económico-social en medio de una crisis, al parecer, decisiva del capitalismo, exigen una aceleración en el proceso de la vida colectiva: tenemos que acortar las etapas mediante esfuerzos nacionales solidarios para el aprovechamiento planificado del trabajo, de la técnica y del capital que tengamos a nuestra disposición."

"El progreso material en naciones más favorecidas, ha sido el efecto del espontáneo juego de fuerzas vitales y sociales en tensión creadora . Entre nosotros, tendrá que ser el resultado de una organización de la actividad colectiva, hecha con un criterio técnicoy dirigida con un propósito social. El giro de los sucesos mundiales y la urgencia de los problemas internos no dan ocasión para esperar. Por ineludible imperativo de las circunstancias históricas, las grandes transformaciones económicas de la Revolución democrático burguesa -reforma agraria, industrialización, liberación nacional- se realizarán en nuestros países latinoamericanos, a través de la Revolución Socialista."

"Una política de esta naturaleza, que tiende al aprovechamiento intensivo de nuestros recursos naturales, exige la movilización completa del potencial humano por medio de las organizaciones de trabajadores, la nacionalización de las industrias básicas y las reformas del régimen agrario, el manejo estatal de los servicios públicos, especialmente de los de Seguridad, Salubridad y Educación, la convergencia, en fin, de todas las fuerzas sociales creadoras en un propósito de superación nacional. El estado mismo tiene que ser rehecho en su estructura orgánica de acuerdo con la realidad geográfica y económica de la Nación."

"Sólo la voluntad de la clase trabajadora puede llevar a efecto esta empresa cuya urgencia se hace sentir tan fuertemente en este período de transición que estamos viviendo. Sobre ella no actúan las inhibiciones que se derivan de los intereses creados ni gravita el lastre de los prejuicios tradicionales. Únicamente ella está en condiciones de dar a la sociedad chilena la superior integración e impulso constructivo que la coloquen, de nuevo, en la avanzada del movimiento continental."

Estas breves citas del Programa de 1947, aunque extensas para el objetivo de este trabajo, entregan los elementos fundamentales del pensamiento político que animaría al Partido Socialista hacia adelante. Están en ellos la base de la Línea de Frente de Trabajadores que sustentaría el Socialismo Chileno casi por un cuarto de siglo, hasta el triunfo de la Unidad Popular que ubicaría al partido y al movimiento popular nacional en la antesala del Poder. Qué nos dice esta teoría. Veamos el informe de Raúl Ampuero al XX Congreso del Partido en el año 1964:

"Cada vez con mayor resolución comenzamos a sostener una concepción nueva, que negaba a la burguesía chilena, como clase, toda posibilidad real de conducir la lucha anti imperialista y anti feudal y, aún, de participar en ella con lealtad consecuencia. El desplazamiento de los jefes radicales hacia posiciones derechistas, su ingreso al círculo de los grandes negocios y su incorporación al aparato de explotación del capital extranjero, no eran entonces meros síntomas de corrupción personal o de degradación política, sino índices evidentes de que entre la burguesía y los terratenientes, entre la burguesía y el imperialismo no existían oposiciones fundamentales de intereses. El Partido Radical, bajo dominio de tales dirigentes, dejaba de ser el brioso líder de la pequeña burguesía reformista para adscribirse paulatinamente a posiciones más y más conservadoras.

"Entonces, ¿qué clases eran las llamadas a protagonizar la lucha contra el viejo orden? ¿Cuál era el carácter del proceso revolucionario que nos permitiría desatar nuevas y pujantes fuerzas de progreso? Las respuestas se abrieron lentamente camino, pero se impusieron al fin: únicamente los trabajadores, los explotados, las capas sociales no comprometidas, estaban en condiciones de dar la batalla histórica contra un sistema caduco y en descomposición; sólo una revolución popular y democrática de clara tendencia socialista podría edificar una sociedad de nuevo tipo. Desaparecería la barrera hasta entonces inviolable entre la revolución democrático burguesa y la revolución socialista, para integrarse ambas en un proceso unitario y continuo, que comienza removiendo los grandes obstáculos opuestos al desarrollo -la dependencia imperialista y el régimen semi feudal vigente en la agricultura- para coronar su obra con el establecimiento de relaciones socialistas cada vez más avanzadas."

Es decir en 1964, se ratifica la teoría desarrollada en el programa de 1947 por Eugenio González convirtiéndola en un quehacer político.

Desde esa fecha, con avances y retrocesos esta teoría se desarrolla y se concreta, alianzas y programas que perfilan la perspectiva de alcanzar el Poder a través de coaliciones de partidos representativos de los trabajadores y sectores sociales oprimidos por el sistema con proyectos que buscaban la transformación y el cambio económico y social, al frente de los cuales estarían también hombres de las propias filas populares. Así se constituye el Frente de Acción Popular (FRAP) y después la Unidad Popular de las cuales sería su abanderado nuestro camarada Salvador Allende.

La concepción del Frente de Trabajadores, entonces, no fue una improvisación ni una política accidental o coyuntural. Fue madurando largos años dentro de partido y materializándose con la propia experiencia partidaria, por las frustraciones provocadas por políticas débiles y claudicantes, por la esterilidad de la participación en gabinetes ministeriales que resentían a los trabajadores y por la enseñanza que entregaban la colaboración con sectores políticos de la burguesía que siempre fueron incapaces de romper sus vínculos de clase, su compromiso con los intereses de las clases dominantes. La experiencia que se había vivido con el Gobierno de Ibáñez en 1952, repitiendo el error frente populista, había endurecido a la militancia, que no estaba dispuesta a tolerar nuevas debilidades. En adelante, las pugnas internas estarían entre los más o los menos consecuentes con la política revolucionaria de Frente de Trabajadores.

Por tibiezas en este plano sería desplazada la Dirección de Raúl Ampuero en el Congreso de Linares de 1965, asumiendo un nuevo equipo, encabezado por Aniceto Rodríguez, Carlos Altamirano, Adonis Sepúlveda, Erich Schnake, Rolando Calderón y otros que radicalizarían de nuevo las posiciones del Partido.

Incluso, el Congreso de Chillán, de 1967, llevaría a algunos extremos que no correspondían a la situación concreta de Chile, privilegiando la lucha armada, en un país donde se daba un movimiento de masas desarrollado fundamentalmente por socialistas y comunistas, profundamente politizado y combativo, que buscaba cambios revolucionarios.

La realidad nos conduciría a introducirnos con más fuerza en el proceso social; constituir una alianza que no fuera sólo un entendimiento electoral, sino un frente que se dispusiera al cambio económico social.

El llamamiento que socialistas y comunistas harían a las demás fuerzas de izquierda para constituir la Unidad Popular tendría ese sentido. El programa que se aprueba previo a la designación del candidato Presidencial diría lo siguiente:

"La única alternativa verdaderamente popular y por lo tanto, la tarea fundamental que el Gobierno del Pueblo tiene ante sí, es terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del Socialismo."

Es decir, la concepción del Frente de trabajadores sintetizada pero expresa: cumplir tareas democráticas y socialistas a través de un Gobierno compuesto por representantes de los partidos de trabajadores. El Presidente Allende llegaría hasta incluir en su Gabinete a los representantes máximos de la CUT, los compañeros Luis Figueroa y Rolando Calderón.

En este análisis de la trayectoria del Partido Socialista quedan. naturalmente, grandes lagunas e interrogantes. Pero sí se desprenden de sus grandes trazos una imagen constante de un partido revolucionario. Sus pisiones, contrariamente a lo que se afirma que se debieron a caudillismos, fueron, en gran medida, de carácter doctrinario.

Tenemos la certeza que el pensamiento del Partido Socialista penetró en vastos sectores populares y fue un elemento fundamental para el triunfo de 1970. Si efectivamente otras fuerzas aportaron a ese proceso, no es menos cierto que la política socialista de alcanzar el Poder pleno ayudaron a desarrollar un movimiento social fuertemente radicalizado y de alta combatividad. Como lo dijera Salvador Allende, su millón de votos correspondía a un millón de conciencias políticas.

El intento del Gobierno Popular, analizado en sus grandezas y debilidades lleva la impronta particular de Salvador Allende y también del Partido Socialista, igualmente con aciertos y errores. Cualquiera que fuera su conducción, el movimiento popular desarrolló fuerzas sociales que llevaron a la antesala del Poder. Naturalmente, la reacción de las clases dominantes correspondería a la histórica postura de impedir por todos los medios ser despojados de sus privilegios. Nunca han entregado el Poder pacíficamente. Por eso, antes de que Allende asumiera su cargo, asesinaron al Comandante en Jefe del Ejercito, René Schneider, por no querer participar en un golpe de estado. No había "excesos" ni atropellos a la Constitución, pues aún no estábamos en el Gobierno. La violencia la desataron ellos y la aplicaron ellos. Ciertamente, la aplicación del Programa de la Unidad Popular, repartido por cientos de miles en la campaña electoral de la UP, desató las iras y la virulencia en las clases dominantes, volaron decenas de torres eléctricas, sabotearon la producción, asesinaron no solo trabajadores sino al Comandante Araya, de la Marina, que era Edecán del Presidente y empujaron en todas formas la intervención de las fuerzas armadas. Así se fue conformando el dilema al borde del enfrentamiento: o Revolución o Contrarrevolución. No fuimos capaces de consumar el proceso. Triunfó la más cruel y sanguinaria Contrarrevolución habida en el Continente.

El Partido Socialista y el movimiento popular, el pueblo entero inició el 11 de Septiembre de 1973 el pago de sangre por su intento de cambiar el régimen. No fueron los "excesos" ni los errores, mayores o menores, que los hubo, lo que condujo a la intervención armada. Fue la aspiración de realizar la utopía socialista como se le llama hoy día.

La derrota sacudió profundamente al pueblo chileno y el Partido sufrió su propio martirio. Fuera de sus miles de mártires, ha vivido la peor crisis de su historia. No es para menos, fracasó en el intento de cumplir sus sueños.

Dispersado en múltiple grupos, el pueblo socialista logró la unidad. El Congreso Salvador Allende inició la difícil tarea de reconstruir el Partido, en nuevas condiciones nacionales e internacionales. Un Programa nuevo debe definir qué pensamos ahora, cuáles son nuestros principios en este presente con sus dinámicos cambios de todo orden: teóricos, científicos, tecnológicos y entregar a la militancia las nuevas alternativas. Lo obrado hasta ahora en esta materia aún no resuelve este problema. Abiertos al futuro, hay que asentar el despegue para hacer realidad las aspiraciones de aquellos que ofrendaron la vida por el Socialismo.